Despuntaba el alba y con ella nosotros, después del palizón de ayer solo quedaba una última etapa y atravesar el caluroso, arido y arenoso desierto hasta llegar a Merzouga.
Tras intentar adecentar el cambio trasero de mi montura, ya que estaba mas seco que la mojama y reparar el pinchazo que sufrío el compañero el día anterior, marchabamos con las últimas indicaciones de la persona que nos había atendido en el Riad.
Pegado por la zona de montaña e intentando intuir el camino que nos hiciera avanzar sin clavarnos en la arena nos alejabamos del portal de Belen.
Primeras imagenes y rodar, por aquellas zonas ya de desierto y que cambiaban la visión de todo lo visto en días anteriores. Pronto empezarían a salir mil de caminos que se cruzaban unos con otros y aunque constantemente nos salíamos del track, teníamos claro la dirrección a seguir para llegar a meta.
Pronto se complicaría la cosa para variar, llegabamos a una zona de rambla y secaral al mismo tiempo donde teníamos que patear unos 5 km mas o menos para encontrar un camino que hiciera volvernos a subirnos a las bicicletas y terminar este reto.
Tras pasar ese pequeño escollo y encontrar un camino decente, volvíamos a pedalear sintiendo el calor en nuestros cuerpos pero bien tapados como si en pleno Atlas nos encontraramos avanzabamos y descontando kilometros para llegar a nuestro lugar final.
Al final un pequeño empujon moral de mi compañero hace que avancemos hasta una Kasbah donde refugiarnos de ese calor y poder reponer algo, gracias a los ricos dulces existentes en Marruecos y una cocacola bien fría.
Tras descansar, continuamos hacía el final de la aventura. Caminos totalmente llanos, mezclados con otros arenosos donde dificulta el pedaleo hace que vaya pasando el tiempo y los kilometros.
Tras un rato de pedalear y pedalear, noto que la cubierta de mi compañero tiene una forma rara, le grito que pare y nos damos cuenta que asoma la cámara y a su vez a roto la cubierta. Al final decidimos seguir y ver hasta donde aguanta dicho material.
Con 15 km recorridos mas, estalla la cámara en un silencio que se rompe por dicho estallido.
Paramos y cambiamos por la cubierta que transporte todo el camino para ese momento. Al final nos daba por reír, de todo lo que estaba pasandonos.
Tras reparar, avanzabamos hacía Merzouga, el gps se quedaba sin batería enchufabamos la energía extra que llevabamos almacenada.
Veíamos entre tanto la primera duna, un grupo de camellos y pronto acabaría el reto que empezamos hace una semana y pico.
Y como, no llegamos al final, con una cara de satisfacción después de que Marruecos no nos lo pusiera fácil para llegar a Merzouga llegamos a Meta. Cocacola bien fría, ducha y paseo en dromedarío para ver el atardecer entre las dunas. Reto conseguído y experiencía personal que ya no me quita nadie, ni nada. Lo importante ahora es que seguimos pedaleando como en nuestra aventura...


























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